domingo, 11 de marzo de 2007

BALCANES: Judi Zeh

Foto: El viejo puente de Mostar
La Vanguardia Cultura/s (15/01/2003)
Secuelas de una guerra Tarantino en los Balcanes ISABEL NÚÑEZ
Juli Zeh (Bonn, 1974) es una de las nuevas revelaciones que nos llegan de Alemania en avalancha, pero su trayectoria particular, su actitud y su forma de escribir la convierten en un caso atípico. Zeh estudió Derecho en Leipzig, con máster en Derecho Internacional y diploma en Literatura. Trabajó para la ONU en Nueva York y Cracovia. Ha publicado un libro de viajes por Bosnia y dos ensayos, con numerosos premios. Los derechos de su novela Águilas y ángeles se han vendido a quince países y la crítica alemana la ha acogido con entusiasmo. El narrador de la novela, Max, es un joven y brillante jurista que, tras un pasado de drogas y excesos, logra el éxito en un gran bufete especializado en derecho internacional. El repentino suicidio de su novia, la frágil y no tan inocente Jessie, reaparecida como un fantasma del pasado, pidiéndole protección, trastorna su vida y su carrera. Max confía su historia a Clara, una periodista radiofónica que le utiliza como material de investigación para su tesina, y juntos emprenden un viaje a Viena.
La narración retrospectiva y los hechos del presente revelarán, tras la sombra de Jessie, una oscura trama de tráfico de drogas en pleno conflicto de los Balcanes, como fuente de financiación serbia e implicando a los propios genocidas perseguidos internacionalmente. El primer rasgo que sorprende en este insólito thriller es la extrema dureza de la narración, sobre todo en la primera mitad del libro, donde una violencia gestual, casi simbólica, se une a la árida y escatológica descripción de la vida cotidiana de Max, marcada por la desesperación y la soledad ensimismada, el abandono vital y la ausencia de ideales. Sólo el humor inteligente y la sutileza de las imágenes ayudan a atravesar esas páginas, donde los personajes no se permiten ni un ápice de afecto, ni siquiera de respeto. Después, el acercamiento físico y cierta ternura entre Max y Clara, unidos por intereses coyunturales, o el amor adivinado en la crónica que hace Max sobre la enigmática Jessie permiten continuar la lectura y ofrecen el contrapeso a los signos de la trama oculta.
La crítica feroz a la sociedad contemporánea y la forma desvergonzada y amoral con que la expone le han valido a Zeh la comparación con Houellebecq, pese a la diferencia temática que los separa. En este caso, se trata de la hipocresía y la implicación de la sociedad internacional en el conflicto balcánico, con la sanguinaria crueldad de la guerra. También se trata del siempre polémico discurso de la introyección de la violencia social –con su vertiente autodestructiva de drogadicción o su ciego individualismo sin escrúpulos– en la actitud personal de los protagonistas: de ahí la asociación con Tarantino. La dureza de los hechos asociados al conflicto de los Balcanes o el amargo cinismo con que los acepta el protagonista implican una reflexión sobre la amoralidad del sistema, el auténtico significado de las guerras y los intereses ocultos que las mueven, las limitaciones de los tribunales internacionales y la violencia arbitraria de la guerra. El expediente del sádico criminal de guerra serbio exculpado gracias al bufete de abogados de Max, o una escena de horror sádico en Bosnia, narrada por Jessie, mensajera de la red de traficantes de cocaína,son algunos ejemplos. La idea de que las guerras contemporáneas sirven para hacer negocios, conseguir petróleo o garantizar el expolio y los beneficios de las grandes corporaciones late en estas páginas.
Águilas y ángeles no es una novela amable, ni dulce, sino triste y desazonada, pero ofrece claves para repensar nuestro mundo contemporáneo, imágenes poéticas de un universo personal, personajes intensos capaces de conmover, momentos de humor y fina ironía y, sobre todo, el dominio literario de una autora sorprendentemente joven, con todos los recursos para desarrollar una brillante carrera literaria. Entrevista a Juli Zeh "Echo de menos la moralidad" LA VANGUARDIA - 15/01/2003 I. N. La escritora alemana Julie Zeh refleja en "Águilas y ángeles" una visión despiadada de la corrupción y la hipocresía internacional en el conflicto de los Balcanes, a través de una historia de amor y de pérdida marcada por el pesimismo. En la primera parte de su novela, sorprende la dureza, la crueldad gestual entre los protagonistas. Yo intentaba mostrar un estado mental y emocional, un estado en el que alguien ya no es capaz de compartir ni comunicar con los demás seres humanos. Max se perdió al perder a su adorada Jessie y al dejar su trabajo, en el que creía de una forma casi religiosa. El principio de la novela marca el punto más bajo posible del estado de la mente, el corazón y el alma de Max. A partir de ese grado cero emocional, se inicia un proceso de reconstrucción de su personalidad, que él logra contando su historia e intentando comprender qué hechos han determinado su destino. Max afirma que, como jurista, es amoral. ¿Se identifica con esa actitud?
No. Yo me considero una persona moral, con una ética. Toda mi vida he buscado un orden ético capaz de redefinir los términos de bien y mal (ya que nunca he logrado confiar en una religión). Soy una persona que echa de menos la moralidad; y probablemente ése sea ya el estándar más elevado de moralidad posible en nuestra presente situación cultural y filosófica. Lo que dice Max en el libro se deriva de una actitud que yo he descubierto a menudo escuchando a colegas del ámbito legal. Usted es alemana, pero vive en Zagreb. Hábleme de su trabajo y de la vida en los Balcanes. En realidad vivo en Leipzig, me gusta esa ciudad... También me gusta Zagreb y tengo que volver. Ahora trabajo durante dos meses para la embajada alemana. Son prácticas de dos años con abogados alemanes antes del último examen de estado. En cuanto a Zagreb, no es una ciudad representativa. La actual situación de los Balcanes apenas se percibe desde aquí. La ciudad tiene un aspecto muy similar al de Viena y se hace todo lo posible para que parezca incluso más "occidental" que París. La guerra queda en segundo plano, la gente no habla de ello aquí (en Bosnia, la gente es mucho más abierta en ese aspecto); intentan concentrarse al máximo en el futuro. Hábleme de su libro "Die Stille ist ein Geräusch" y de sus ensayos y artículos. "Die Stille ist ein Geräusch" es un libro sobre Bosnia y Herzegovina en el que cuento mis experiencias allí y los sentimientos y pensamientos que surgieron a raíz de un viaje por Bosnia en el verano del 2001. En mis ensayos y artículos he abordado muy distintos temas: la situación de la joven literatura alemana en la actualidad, mi generación y su relación con el dinero y la profesión, la ampliación de la Unión Europea, los Balcanes... Escribo en "Die Zeit" y "Der Spiegel", ocasionalmente en "Die Welt". ¿Qué escritores le interesan más? Balzac, Dostoievski y Thomas Mann son mis maestros. Arno Schmidt es mi favorito en el sentido de cómo abordar el lenguaje. Y mi autor contemporáneo preferido es Olga Tokarczuk. ¿Qué es lo que le interesaba más al escribir "Águilas y ángeles"? Lo que más me interesaba era expresar ideas y sentimientos que me inquietaron durante un largo periodo de mi vida. La mayor parte de ellos surgían o estaban asociados a las relaciones personales. La trama de la novela –política, tráfico de drogas, conflicto bélico, etcétera– es más bien un telón de fondo para mí. Lo más importante son las relaciones entre Max y Jessie, y Max y Clara. En cuanto a la guerra en Bosnia, lo que más me sorprendió es que, visto desde allí, no parecía que el conflicto fuera la consecuencia del odio entre los tres grupos étnicos que viven en ese país, según nos contaban los medios en Occidente. ¿Cree que en su generación no existe el consuelo de la amistad o quizás de la propia literatura? ¿O ese nihilismo es sólo una exigencia narrativa de su novela? Yo creo que mi generación es incluso muy optimista (comparada a la de los ochenta, en que todo el mundo estaba esperando la guerra nuclear). El nihilismo de la novela es un nihilismo "personal" de Max (y en parte, también mío), que surge de una actitud psicológica frente a ciertas experiencias de fondo. Toda esta configuración juega un rol crucial, pues demuestra que nada de lo que existe en un contexto hiperindividualista sirve para apoyar a alguien cuando cae de verdad. Mi generación es optimista mientras todo vaya bien y nadie intente descubrir la verdad subyacente. Pero una mala experiencia fuerza a pensar las cosas con mayor profundidad, y entonces no sirven de apoyo las ideas con las que vivimos.