Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cuentos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de abril de 2010

Mi reseña de Cynthia Ozick en La Vanguardia

Foto: I.N. Un jardín en la ciudad, 2010
Narrativa La maestría literaria ISABEL NÚÑEZ
Cynthia Ozick “El xal” El cercle de Viena Traducción de Dolors Udina 96 PÁGINAS 14,70 EUROS Este libro magnífico, auténtica joya que yo quise traducir, se compone de dos relatos, “El xal” y “Rosa”. El primero, breve, arranca con la frase “Stella frío, frío, el frío del infierno” y muestra a Rosa, joven polaca esquelética en un campo de concentración, con una criatura hambrienta buscando sus pechos secos, oculta bajo un chal protector, y una niña, su sobrina Stella, celosa de la pequeña y que en la fantasía de Rosa se convierte en caníbal y la devora. Y las voces fantasmas junto a las rejas electrificadas. Cuando Stella le quita el chal a la pequeña, ésta escapa del barracón y llora perdida, y un soldado llega antes que su aterrada madre. El tono de esta escritura ardiente y despiadada, con un ritmo musical y onírico, tiene resonancias del Quanta, quanta guerra, no sólo por la traducción, excelente, de Dolors Udina, sino porque compone un paisaje delirante del horror con los ojos de la adolescencia, en una poética llena de gracia y una feroz sensualidad que no se olvida. El segundo cuento, con distinta fiereza y humor negro enterrado, muestra a Rosa en Florida, treinta años después, con su loca lucidez, la mirada acusadora contra el mundo de alguien sin vida, que sólo quiere soñar sola: maldice la helada desmemoria de su sobrina Stella y recupera el chal que le permite, por transposición traumática, resucitar a su hija perdida, hacerla volar y brillar con sus vestidos y escribirle cartas en polaco, restituir ante ella la magnífica Varsovia, el padre que se sabía la Eneida de memoria, la madre delicada ante la que todos se inclinaban, la vida de antes. Dice Rosa que ellos tienen tres vidas, la de antes era su vida de verdad, allí donde nacieron, la de después es ahora, en un país que no recuerda ni comprende, donde no tienen identidad y el acento polaco surge como humo cuando hablan, la de durante es Hitler. “Antes es un sueño. Después es una broma. Sólo queda el durante. Y decir vida es mentir.” Cynthia Ozick (Nueva York, 1928), autora prolífica y sólida, en la tradición literaria judío-americana, con novelas como Los últimos testigos, y cuentos como los de Levitación, superó a Carver, Updike y Cheever ganando tres veces el O’Henry. Es una suerte que se haya publicado y que Viena haya elegido a una traductora experta y sensible para la versión catalana.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Peter Hobbs en La Vanguardia Culturas

Foto: Manel Armengol, Islàndia 2008
Humor, delirio y melancolía ISABEL NÚÑEZ Peter Hobbs Profundo mar azul MONDADORI Traducción de Cruz Rodríguez Juiz 288 PÁGINAS 17,90 EUROS Peter Hobbs (Cornwall, 1973) ha publicado en España Solsticio de invierno (2006) y ha recibido prestigiosos premios en su país. El conjunto de relatos Profundo mar azul recuerda a Baudelaire: la vida es un hospital donde cada enfermo desea cambiar de cama. Pese al humor, la ligereza y las ensoñaciones de estas páginas, todos los personajes sufren algún mal, bordean la psicosis o deliran, sumidos en una densa tristeza de formas alegóricas, o dramáticamente contenidas, con ataques epilépticos o mutilaciones. Cuenta Hobbs que la afección que le retuvo tres años en cama le llevó a la escritura y cambió su percepción. No sabía que su obsesión por la enfermedad (y sus metáforas) impregnaba los cuentos, que creía humorísticos. En lugar de coger pasajeros, un taxista persigue a su mujer con el taxi. Un científico viejo no reconoce lo escribe y sus sentidos le engañan. Un epiléptico descubre aterrado que en el centro donde está internado pretenden devolverle a casa. Una joven que ha perdido las dos piernas en un accidente ve cómo sus amigos niegan su nueva realidad o responden a su dolor con banalidades. Un chico medicado contra la depresión confiesa que ya no sufre, pero echa de menos incluso sus peores sueños. Una mujer vuelve a la granja familiar, mentalmente adherida a su familia. Un joven se hace indigente cuando se estropea el ascensor del rascacielos donde vive y nadie lo repara. Una divorciada atiende un consultorio de locos. Un londinense se despierta dos días de cada diez en Nueva Orleans: asombrado, coge el avión de vuelta, no llega al trabajo, su mujer le abandona... Pero tal vez el mejor relato es el de los inmigrantes lavacoches, donde el humor sutil del diálogo y los pensamientos del narrador crean una teatralidad memorable. Hay algo americano en Peter Hobbs, la disfuncionalidad de sus personajes y el tono acultural que parte de cero, como si los siglos anteriores no contaran y, aunque dos relatos son americanos, el resto transcurre en el sur de Londres. Tal vez esos rasgos se han universalizado y la contemporaneidad ya no consiste en revisar lo anterior, sino en ignorarlo. No se le puede negar talento, brillo, y esa tristeza que subyace al humor; un mundo enfermo, angustiado, que encuentra mil maneras de sobrevivir sin dejar de morir un poco en cada una.